
Cuando el libro del Génesis habla de Creación, también habla de separación.
No es necesario citar dicotomías para darnos cuenta que somos parte de ellas, y como en el símbolo del Ying-Yang, no sólo forman parte del mundo exterior a nuestros cuerpos, sino además de nuestro ser más íntimo. Somos Creación y por lo tanto separación.
No obstante ha sido el Creador mismo quien, desde el Principio de Principios, nos ha revelado que la Creación sigue en progreso, y la fusión paradológica de los aparentes opuestos ha estado sucediendo y haciéndose cada vez más evidente. Desde el Pentecostés que unió y sigue uniendo las lenguas babilónicas en el Logos del Espíritu y la Palabra Viva, hasta el Cielo y la Mar que humedecen mutuamente sus rostros cada vez que se miran en las Amorosas Aguas que algún día nos devolverán la Visión.
Es verdad que el Árbol del Conocimiento es la raíz del Árbol de la Vida, el cual se encuentra en el centro del Mandala de Dios, quien sigue tejiendo y dando sustento a nuestras almas que aún se gestan.
Yahaira y Saúl.